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Amnesia

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El día de ayer fue mi cumpleaños, y mi adorable mujer me preparó un desayuno especial. Lo especial era, principalmente, que lo hizo, ya que nunca me lo prepara porque ella desayuna antes que yo; la verdad es que disfruto mucho preparando mis propios desayunos. Pero dado que se trataba de una magnífica ocasión para dejarme celebrar, agradecí su iniciativa culinaria. Cuando estuvo listo el desayuno, este tenía entre sus viandas, un par de Pingüinos de chocolate (unos panecillos tipo muffin que produce la empresa Bimbo). Después de degustar el plato principal, que consistía en unos deliciosos huevos revueltos acompañados de tostadas y tocino, decidí atacar a un pingüino y mientras lo dominaba a mordiscos, ofrecí el otro panecillo a mi media naranja, quien agradecida lo aceptó, solo que me indicó que lo comería más tarde porque ya estaba satisfecha. Así las cosas, me voltee para tomar un sorbo de naranjada y al regresar la mirada a donde segundos antes ...

10 tenores y el Escuadrón Geríatrico

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El lunes pasado se presentaron en la Ciudad de México los 10 Tenores, agrupación australiana conformada por 10 "tenores" de dudosa formación musical. Armado con mis boletos, me lancé a verlos con mi mujer, quien ignoraba cualquier aspecto relevante del grupo vocal, y en inusual mansedumbre, se dejó invitar "flojita y cooperando". Volviendo al grupo, si bien todos cantan, están muy lejos de mis expectativas de la calidad vocal e histriónica que debe tener un tenor. No obstante, las interpretaciones que realizan no exigen elevadas dotes interpretativas, por lo que el resultado es bueno, incluso agradable. Para quienes no los conozcan, déjenme decirles que interpretan algunas -contadas- piezas clásicas, mientras que la mayoría de los temas que ejecutan corresponden al género pop, adaptado como lo que se conoce como "popera" u ópera pop. Lo que me llamó la atención es la cantidad de gente mayor que había en el concierto. Y me pareció inusual, precisamente, p...

¡Qué NO!

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¿A poco no está genial? Imagen tomada en la Colonia de los Doctores, México D.F.

"Yo no estoy de acuerdo con nada"

En una junta de negocios reciente, luego de exponer la propuesta que un amigo y yo preparamos, nos quedamos platicando unos minutos con nuestra prospecto, en esas charlas más bien informales con que se cierra una larga junta de negocios. Tocamos el punto de la cultura empresarial, y nuestra futura cliente expresó apasionadamente que no estaba de acuerdo con la cultura empresarial de las grandes transnacionales ni de las grandes empresas locales. Dijo algo así como "no estoy de acuerdo con la forma que tratan a sus clientes, no estoy de acuerdo con la forma que tratan a sus proveedores, no estoy de acuerdo con la forma que tratan a sus empleados..." Cerró diciendo una frase que me hizo desternillarme de la risa: "No estoy de acuerdo con nada!!!". Si bien la frase parece a priori una absurda negación emitida por la persona más agria, luego de meditarla es gracias a las circunstancias que lleva a emitir frases como esta que la gente busca cambios, mejoras, nuevas ideas...

¿a 7 o a 8?

Hoy por la tarde pasé casualmente por una panadería. Es maravilloso el olor al pan recién horneado que se desprende estos pintorescos sitios que por desgracia, se encuentran en vías de extinción, depredados principalmente por las panaderías de los supermercados y por el pan industrializado que se vende en las tienditas y tiendas de conveniencia. Sucumbí a la tentación y me acerqué al mostrador, donde pedí una "concha" que era anunciada a un precio unitario de $7 pesos. Seleccioné una concha de chocolate, y a la hora de pagar noté que la dependiente me había cobrado $8. Le mencioné que en el display el precio marcado eran siete pesos, y su respuesta me encantó: "Las conchas son de ocho pesos, pero si quiere se la cobro a siete". Sin más me extendió una moneda de un peso, misma que yo tomé dignamente. Reflexiono ahora en lo increíble que me parece que algunas personas buscan hacer sus pequeños "negocios" transando a los demás, engañando y aumentando el preci...

Una noche en Coyoacán

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Hace unos días tuve oportunidad de ir a Coyoacán de noche. Hacía mucho tiempo que no visitaba ese maravilloso lugar, principalmente porque al hacerlo unos cuantos meses atrás, me encontré con una zona semidestruída, rodeada de malla de alambre, oscura y tenebrosa. En esa ocasión fui con mi hija a tomar un trago a la famosa "Guadalupana", que se encontraba deprimentemente vacía, tal vez porque para llegar había que atravesar heroicamente un oscuro parque con el adoquín levantado. Una vez que llegabas al lugar, los meseros mataban el aburrimiento unos jugando dominó, otros echando unos tremendos bostezos de campeonato. Motivados por tan alegre ambiente, nos apresuramos a beber nuestras copas y nos largamos de ahí tan pronto como pudimos. Así que, para mi reciente visita, no albergaba esperanzas de pasarla mejor. Grande fue mi sorpresa al encontrarme con un Coyoacán vibrante, iluminado, limpio, lleno de gente con un ambiente y espíritu festivo. Lo que más se nota, es la ausencia...

Leyendo el pasado

La semana pasada entré a una librería especializada en libros de segunda mano, o para decirlo más a tono con el entorno ecologista, libros reciclados. Luego de pasear por sus estantes, pregunté a uno de los encargados y me llevó a una sección donde se encuentran los libros de Álvaro de Laiglesia. A este autor español le guardo un especial cariño, porque en mi pubertad leí varios libros de su autoría que mi madre compraba en el supermercado. La lectura de esos libros iba siempre acompañada de sonoras carcajadas del lector. A mi gusto, es uno de los mejores humoristas que dio la Madre Patria. Sus historias cortas eran maravillosas, cargadas de lecciones sin pretender ser obras educativas o aleccionadoras. Sin duda, este autor fue uno de los culpables de mi gusto por la lectura. Cargado de recuerdos, compré un par de volúmenes, los cuales ya fueron leídos y esperan pacientemente para ser releídos. Uno de estos libros es precisamente alguno que leí cuando tenía 12 o 13 años, y honesta...