Puta Dieta IV: El rebote

Antes de leer este post te recomiendo leer Puta Dieta, Puta Dieta II y Puta Dieta III para entender el contexto de lo narrado.
No logré la meta de estar en mi peso (o sea unos 20Kg menos) para mi cumpleaños. Tampoco es que fracasara rotundamente, pero me quedé corto por tres kilos. Bajar diecisiete kilos no es cosa fácil, como comprenderás en cuanto sigas leyendo.

Me vi obligado a suspender, de golpe, el medicamento anorexigénico, es decir, que me quita el hambre. La verdad es que el fármaco me funcionaba bien, inhibiendo mi apetito de una forma efectiva. Solo que tiene un pequeñín efecto secundario que me resultó, digamos, poco conveniente. Produce disfunción eréctil. O sea, que la cosa no se te pone dura. La libido no se ve afectada, así que maldita la cosa, tienes ganas pero no puedes. Llegué a la conclusión de que era el medicamento lo que me estaba ocasionando tan lamentable efecto luego de analizar las causas probables e irlas descartando una a una. Realicé una búsqueda enfocada a descubrir la relación entre la súbita pérdida de potencia sexual y el medicamento, y encontré que estos efectos están documentados: PLM UNAM, Abbott España, IPP. Así que armado con información de fuentes confiables, fui presuroso a reclamarle airadamente a mi doctora (quien es una buena amiga) por haberme recetado tan nefasto medicamento. Luego de un rato, cuando pudo al fin calmar sus carcajadas, la doctora me informó que la falta de turgencia era un efecto conocido del fármaco y que había dos formas de abordar "el problema": una, retirar gradualmente la droga causante, y la otra, antes de la actividad sexual tomar alguno de los fármacos comúnmente prescritos para la disfunción eréctil. Así las cosas, decidí retirar el medicamento para 1) eliminar la causa del penoso problema eréctil, 2) darle un merecido descanso a mi hígado, 3) meter a mi constancia y fuerza de voluntad en la ecuación y, 4) porque si algún día debía eliminar el medicamento, ahora me parece buen momento.

Pues fue uno retirar el medicamento y comenzar a experimentar un apetito voraz que me impulsaba a comer raciones más grandes con frecuencia inaudita. Y para colmo, coincidió con diciembre, cuando es bien sabido que las fiestas, brindis y celebraciones no ayudan a perder peso. Así que comencé, de manera involuntaria, una desmesurada ingesta calórica que me llevó a recuperar unos cinco kilos en lo que llamé "el efecto rebote", mismo que se vio reforzado por el hecho que abandoné mis sesiones diarias de ejercicio. Todo esto me causó gran estrés y molestia no solo al verme al espejo o ver de reojo la báscula digital de mi baño; me bastaba con recordar el gran esfuerzo realizado por meses para ponerme de malas. Ver crecer el bodoque en mi abdomen no me genera ninguna alegría. El rebote sucedió a una velocidad vertiginosa. Si tan solo pudiera bajar de peso a la mitad de la velocidad con que lo subo, me sentiría feliz, inmensamente feliz.

Lo bueno es que a pesar del rebote mis niveles de colesterol y glucosa en ayuno se encuentran dentro de los límites. Bueno, al menos no todo rebotó.

Para no perder todos los beneficios tan penosamente ganados, y a tono con los propósitos de Año Nuevo, me armé de una renovada y natural fuerza de voluntad; esta vez sin ayudas químicas ni efectos secundarios. He retomado el control de lo que como y he reanudado mis sesiones diarias de ejercicio. Ya bajé casi dos kilos de lo rebotado. Resulta un poco más difícil de lo que pensé moderar mis raciones solamente con la fuerza de voluntad, pero creo que ahí voy. Al menos sigo en la batalla.

Y por supuesto, la historia aún no termina...

Comentarios

  1. Ya te dije que será el sereno o la mismisima mamá del sereno...pero mis balines me han resultado...
    Pero estás renuente...

    ResponderBorrar

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

Los zapatos rotos y el orgullo intacto

Nueva técnica de Peeling Facial Instantáneo

Porque ya no voy al Gym