Besos de bar...

¿No te importa besar a alguien que acabas de conocer hace 5 minutos?, le preguntaban sus amigas, un poco escandalizadas por su agilidad para engancharse en fugaces escarceos con extraños (¿o recién conocidos?) auspiciados por el ambiente engañoso de un bar y la niebla que produce el alcohol en la mente.
No, no -respondió ella. Son besos que no significan nada, besos como los que le das a tu perro, besos sin sentimiento ni consecuencias. Son besos de bar. Además son mis besos los que nos consiguen las cuentas gratis, ¡así que no me salgan ahora con que son unas mojigatas!
Pero yo te he visto darles besos lentos, profundos, suaves, cargados de emociones, besos que te gritan "te quiero". Besos que te enamoran.- le dijo su amiga. ¿No has pensado además que puedes estar besando a alguien casado o en una relación? Podrías meterte en un problema si llega su esposa o su novia. ¡No quiero ni imaginarme el follón que se armaría!
Ella rió. Disfrutaba una nueva etapa en su vida, una libertad no esperada. Probaba suerte con varios pretendientes, y en sus propias palabras "no se iba a cerrar a ninguna posibilidad". Tal vez por las heridas de guerra, recuerdos de bellas relaciones con doloroso final, no estaba dispuesta a amar con ese amor que nos hace vulnerables, débiles y frágiles. Le había gustado su nueva libertad, salir con amigos y amigas, conocer gente, sentirse deseada...
En ocasiones los besos de bar aumentaban el calor y daban lugar a caricias salvajes, a un erotismo aumentado que la excitaba y la hacía sentir viva, vibrar. En estas ocasiones, notaba también, sin duda, la exitación de su improvisado compañero de beso y caricias. Pero procuraba que todo quedara ahí, sin dar pie a un contacto más íntimo, más cercano.
Amaba los besos de bar porque no dejan huella, porque no te pueden lastimar y porque jamás vería de nuevo a ninguno de los hombres a quienes había besado, haciendo de cada uno de ellos una historia de amor perfecta.
Y mientras se dirigía al bar con sus amigas, sonrió.
No, no -respondió ella. Son besos que no significan nada, besos como los que le das a tu perro, besos sin sentimiento ni consecuencias. Son besos de bar. Además son mis besos los que nos consiguen las cuentas gratis, ¡así que no me salgan ahora con que son unas mojigatas!
Pero yo te he visto darles besos lentos, profundos, suaves, cargados de emociones, besos que te gritan "te quiero". Besos que te enamoran.- le dijo su amiga. ¿No has pensado además que puedes estar besando a alguien casado o en una relación? Podrías meterte en un problema si llega su esposa o su novia. ¡No quiero ni imaginarme el follón que se armaría!
Ella rió. Disfrutaba una nueva etapa en su vida, una libertad no esperada. Probaba suerte con varios pretendientes, y en sus propias palabras "no se iba a cerrar a ninguna posibilidad". Tal vez por las heridas de guerra, recuerdos de bellas relaciones con doloroso final, no estaba dispuesta a amar con ese amor que nos hace vulnerables, débiles y frágiles. Le había gustado su nueva libertad, salir con amigos y amigas, conocer gente, sentirse deseada...
En ocasiones los besos de bar aumentaban el calor y daban lugar a caricias salvajes, a un erotismo aumentado que la excitaba y la hacía sentir viva, vibrar. En estas ocasiones, notaba también, sin duda, la exitación de su improvisado compañero de beso y caricias. Pero procuraba que todo quedara ahí, sin dar pie a un contacto más íntimo, más cercano.
Amaba los besos de bar porque no dejan huella, porque no te pueden lastimar y porque jamás vería de nuevo a ninguno de los hombres a quienes había besado, haciendo de cada uno de ellos una historia de amor perfecta.
Y mientras se dirigía al bar con sus amigas, sonrió.
Comentarios
Publicar un comentario