De las caminatas nocturnas


Hace unos minutos me encontraba caminando por las solitarias calles de la ciudad. A diferencia de otras ocasiones donde mis caminatas son planeadas, hoy caminé más por necesidad que por gusto. Estoy a la espera de que me sea entreguado un nuevo vehículo y mientras eso sucede me traslado en taxi.

Me encontraba en una parte de la ciudad que engulló a un pequeño pueblito, y ayer fue la fiesta del santo patrono del pueblo que inevitablemente terminó fagocitado por la insaciable urbe. "Urbanizado" tal vez sería el término correcto, pero no creo que la bendita urbanización le haya traído muchos beneficios. Pero eso es otra historia. Resulta que como a eso de la una de la madrugada me llegó el turno de irme a casa, y gracias a que las calles se encontraban cerradas tomar un taxi se volvió algo más remoto que sacarse la lotería. Mientras pasaba por la concurrida feria percibí el aroma de pan recién horneado, de ese pan tan especial de las fiestas de los pueblos, y no tuve más opción que comprar un par de aromáticas y calientes hogazas recién horneadas. Unos pasos más adelante ya me encontraba saboreando un delicioso, aromático, suave y tibio trozo de pan.

Crucé la feria, no sin ver con tristeza a algunas muchachitas que, se veía a leguas, habían abusado de las "micheladas" a $25 que se vendían en las banquetas o en portones improvisados de cantina; muchachitas con el andar errático, la mirada extraviada y el infalible galancete al lado "cuidándolas" en espera de verse favorecido por la desinhibición que el alcohol produce.

Volviendo al tema, esperé unos minutos y no pasaba ningún taxi. En realidad no pasaba ningún vehículo. Así que no me quedó más remedio que caminar hacia una desierta avenida principal en la que tampoco tuve suerte. Recordé de golpe que había visto un grupo de taxistas haciendo base fuera de la estación terminal del metrobús sobre Av. Insurgentes, así que me encaminé en esa dirección. En el trayecto me encontré con un par de puestos de tacos, de esos de lámina que están sobre la banqueta, los cuales se encontraban cerrando sus operaciones y haciendo limpieza de enseres al ritmo de la música estrepitosa de Gloria Trevi. Pasé por ahí disfrutando la pintoresca imagen mezclada con acres aromas. Seguí caminando a paso lento y firme. En mi camino solo crucé con otro transeúnte que caminaba fumando y al igual que yo hice con él, evaluó mis intenciones y capacidades de ataque y defensa conforme nos acercábamos. No cabe duda que esta ciudad te hace un poco (o un mucho) paranóico. Luego de este fugaz encuentro, no pude reprimir pensar que en algún momento yo debo haber sido algún tipo de criatura nocturna: disfruto los paseos y caminatas a altas horas de la noche, suelo hacer mis compras de despensa en la madrugada aprovechando los supermercados abiertos 24 horas cercanos a mi casa, y no me da miedo la oscuridad ni las otras criaturas nocturnas. Como algún depredador de gran tamaño me imaginé a mi mismo, acechando, oliendo, observando a sus presas en la noche... y me gustó imaginarme así.

Finalmente llegué a la base de los taxis y en menos de 7 minutos ya estaba en casa.

Procuro minimizar los riesgos, pero me niego a claudicar mis caminatas nocturnas por ningún motivo. Sí, sé que la prudencia aconseja no caminar por las calles en la madrugada pero, la verdad sea dicha, nunca he sido muy prudente...

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