Caminando en la lluvia
Luego de una larga temporada de sequía inspiracional, hoy sentí el impulso de escribir de nuevo. Estoy de vuelta, y trataré de seguir alimentando este blog regularmente.
Además de escribir para este blog, hoy hice algo que por largo tiempo no hacía: decidí salir a caminar en la lluvia. Dejé las llaves del auto colgadas, y armado con mis pants, mis zapatos tenis, un rompevientos ligero y mi paraguas, me aventuré en la tarde fría y húmeda. La humedad de la lluvia mataba los olores, y solo se respiraba un aire fresco, inodoro, cargado de humedad y de recuerdos. El aire frío dejaba ver el vaho de mi respiración.
Sonreí sin querer. Hay tantos recuerdos de mi pasado ligados a las tardes lluviosas que se me atropellaban en la mente…
Nomás abrir la puerta, fuera de mi casa pasaba un riachuelo que se dirigía presuroso calle abajo, siguiendo la pronunciada pendiente. Mi calle es bastante tranquila y solitaria en días normales, así que sabrás que en un domingo lluvioso se encuentra desierta. Caminé con el riachuelo calle abajo hasta que llegué a la esquina donde confluye una transitada calle que hace esquina con una avenida principal típicamente cargada de vehículos de todos los tipos imaginables. No obstante la cercanía con tales avenidas, mi casa es silenciosa y tranquila, imperturbada por el ruido y el tráfico citadino. La lluvia de esta tarde apagaba los sonidos, matizándolos hacia tonos medios.
En la calle ya se habían formado charcos de buen tamaño que esquivé como pude. Igual tuve que cuidarme de no ser bañado por algún conductor descuidado.
Caminé y me llamó la atención ver que la mayoría de la gente caminan como yo, a paso lento, como saboreando la lluvia, la tarde, los pensamientos. Fueron pocos, muy pocos, los que vi correr para resguardarse o subirse al transporte público.
Caminé por las banquetas estrechas, más estrechas aún por la presencia de postes de luz, de
teléfono y árboles. Todo un arte el de malabarear el paraguas, pensé en más de una ocasión.
Pude ver a pintorescos personajes cubiertos con improvisados trajes de plástico, a veces transparente, a veces de colores como las bolsas recicladas que les dan origen.
Salí como a las 19:30, aún con luz pero rápidamente llegó el crepúsculo, se encendieron las luces de la calle, de los omnipresentes puestos callejeros, los anuncios de los comercios, los espectaculares y las luces de los autos. De repente la tarde gris se volvió una explosión de colores. El agua en las calles y en las banquetas refleja y multiplica la luz, haciendo mi caminata más interesante, más vistosa, multicolor.
De repente noté que bajo la lluvia, tras de mi venían caminando tantos personajes que alguna vez se cruzaron en mi vida bajo la lluvia… Todos ellos, vivos y muertos, eran justo como los recuerdo, ajenos al paso del tiempo. Lentamente voltee y les sonreí, me sonrieron en reciprocidad y seguimos caminando, juntos, bajo la incipiente noche lluviosa. Conforme me acerqué a mi casa, se fueron retirando, cada uno tomando su camino. Llegué a casa solo, con las valencianas empapadas los tenis mojados y los pies secos. Y el alma feliz…
Además de escribir para este blog, hoy hice algo que por largo tiempo no hacía: decidí salir a caminar en la lluvia. Dejé las llaves del auto colgadas, y armado con mis pants, mis zapatos tenis, un rompevientos ligero y mi paraguas, me aventuré en la tarde fría y húmeda. La humedad de la lluvia mataba los olores, y solo se respiraba un aire fresco, inodoro, cargado de humedad y de recuerdos. El aire frío dejaba ver el vaho de mi respiración.
Sonreí sin querer. Hay tantos recuerdos de mi pasado ligados a las tardes lluviosas que se me atropellaban en la mente…
Nomás abrir la puerta, fuera de mi casa pasaba un riachuelo que se dirigía presuroso calle abajo, siguiendo la pronunciada pendiente. Mi calle es bastante tranquila y solitaria en días normales, así que sabrás que en un domingo lluvioso se encuentra desierta. Caminé con el riachuelo calle abajo hasta que llegué a la esquina donde confluye una transitada calle que hace esquina con una avenida principal típicamente cargada de vehículos de todos los tipos imaginables. No obstante la cercanía con tales avenidas, mi casa es silenciosa y tranquila, imperturbada por el ruido y el tráfico citadino. La lluvia de esta tarde apagaba los sonidos, matizándolos hacia tonos medios.
En la calle ya se habían formado charcos de buen tamaño que esquivé como pude. Igual tuve que cuidarme de no ser bañado por algún conductor descuidado.
Caminé y me llamó la atención ver que la mayoría de la gente caminan como yo, a paso lento, como saboreando la lluvia, la tarde, los pensamientos. Fueron pocos, muy pocos, los que vi correr para resguardarse o subirse al transporte público.
Caminé por las banquetas estrechas, más estrechas aún por la presencia de postes de luz, de
teléfono y árboles. Todo un arte el de malabarear el paraguas, pensé en más de una ocasión.
Pude ver a pintorescos personajes cubiertos con improvisados trajes de plástico, a veces transparente, a veces de colores como las bolsas recicladas que les dan origen.
Salí como a las 19:30, aún con luz pero rápidamente llegó el crepúsculo, se encendieron las luces de la calle, de los omnipresentes puestos callejeros, los anuncios de los comercios, los espectaculares y las luces de los autos. De repente la tarde gris se volvió una explosión de colores. El agua en las calles y en las banquetas refleja y multiplica la luz, haciendo mi caminata más interesante, más vistosa, multicolor.
De repente noté que bajo la lluvia, tras de mi venían caminando tantos personajes que alguna vez se cruzaron en mi vida bajo la lluvia… Todos ellos, vivos y muertos, eran justo como los recuerdo, ajenos al paso del tiempo. Lentamente voltee y les sonreí, me sonrieron en reciprocidad y seguimos caminando, juntos, bajo la incipiente noche lluviosa. Conforme me acerqué a mi casa, se fueron retirando, cada uno tomando su camino. Llegué a casa solo, con las valencianas empapadas los tenis mojados y los pies secos. Y el alma feliz…
!!!!!!!!!!Bienvenido!!!!!!!!! que bueno es tenerte de regreso...
ResponderBorrarGracias
BLPS
Ya hacia tiempo que regresaras!
ResponderBorrarpor alguna razon me conmovio este relato... cuan frecuentemente olvidamos encontrarnos con nosotros mismos... gente que se va, gente que llega, gente que permanece. Será que volvemos a la infancia conforme crecemos? No quisiera dejar de ser yo sumergido en la incertidumbre de un camino lleno de vertientes y espinos... donde está la luz?
ResponderBorrarSaludos
Pecosita, gracias. Eres una de mis lectoras más fieles.
ResponderBorrarMarysandel, estoy de vuelta. Espero te gusten las novedades.
Paris, efectivamente a veces dejamos detrás las cosas que deberíamos llevar, incluyéndonos a nosotros mismos. No sé si volvamos a la infancia conforme envejecemos, lo que sí se es que a veces te asalta la nostalgia y la remembranza de los viejos tiempos. Te mando un saludo y un abrazo hasta esas cálidas tierras del Mayab.