Sueño Fotónico II


Pero no sabían que su luz no duraría por siempre, pues no hay nada eterno, solamente la eternidad. Así que cuando no hubo más que dar, cuando sus moléculas se habían separado en átomos, sus átomos en electrones, protones y neutrones, y estos a su vez en quarks y otras partículas subatómicas cada vez más pequeñas, su campo gravitacional aumentó de tal manera que toda su luz, su energía y su amor se condensó en un punto microscópico donde la energía se acumulaba en cantidades enormes que aumentaban cada segundo. Entonces, súbitamente, explotaron, lanzando por última vez, una oleada de amor cálido y luminoso que se expandía en todas direcciones viajando a la velocidad de la luz. A través de los parsecs, su luz llegó a diferentes mundos desconocidos, fríos, estériles y oscuros. Y en algunos, donde las condiciones eran propicias, su amor luminoso alteró los atómos y formó moléculas de carbono, oxígeno, hidrógeno, nitrógeno, argón y otros muchos elementos, que al combinarse, de manera inexplicable amaron y se sintieron amadas. ¿Cómo puede el carbono amar al oxígeno? ¿Cómo podría el hidrógeno saberse amado por el nitrógeno? 

Así, el fenómeno inexplicado del amor comenzó la reacción en cadena que generaría la vida.

Y entonces fue claro, muy claro, que el verdadero milagro de su amor fue sembrar vida en lugares inimaginablemente remotos. Y la vida, por ser vida, amará y será amada. Y así será por siempre.

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