Una canita al aire
Me encanta esta típica frase de nuestro maravilloso idioma. Viene al caso, porque esta mañana al peinarme me encontré casualmente mi primera cana. Y esto para mi, es un suceso digno de comentarse. La primera cana recién a mis 42 años es no solo bienvenida, sino anticipada con gran expectación desde hace tiempo. Y es que al ver que mis hermanas y hermano -una es mayor y dos son menores que yo- ya peinan canas desde hace algunos años me hacía preguntarme por que en mi caso, las "nieves del tiempo no plateaban mi sien". Recuerdo que mi padre, a mi edad, ya tenía muchas canas y muy poco pelo.
Con frecuencia conocidos de antaño y personas a las que recién soy presentado, me comentan que aparento tener menor edad de la que en realidad tengo. "Eres tragaaños" es la expresión que se usa comúnmente y que me aplican con cierta regularidad. No sé si es por mi jovial carácter, por la ausencia de arrugas en mi rostro, o por mi evidente inmadurez, pero el caso es que a la gente le parezco más joven. Con el tiempo he aprendido que existen varias características faciales que hacen que un rostro se vea más viejo: las cejas demasiado crecidas, los pelos de la nariz que se asoman, pelos en las orejas y, en el caso de los hombres, un bigote descuidado. Adicionalmente, la frecuente e intensa exposición al sol causa un envejecimiento prematuro de la piel mediante la aparición de arrugas y cambios en su pigmentación y flexibilidad.
Por otra parte, creo que tambien depende con quien te compares o te comparen. He estado en varias ocasiones a punto del infarto al ver a compañeros de la primaria o de la secundaria convertidos en auténticos ancianos -un compañero de la primaria realmente me traumó: canoso, chimuelo, arrugado, calvo y amargado-, algunos otros menos cacheteados pero calvos como rodilla o canosos como peluca de juez inglés, y los menos con el cabello negro salpicado de hebras blancas. Somos pocos los que aún conservamos el cabello, y menos los que lo conservamos de su color original.
Por otra parte, uno no elige la cantidad de cabello que tiene o que puede conservar, tampoco escoge la cara con que vino al mundo, ni la tersura de su cutis, ni el momento para que aparezcan las canas. Pero lo que si podemos elegir es la expresión de nuestro rostro, los cuidados o el abuso al que sometemos nuestro cuerpo y la forma de ver la vida, lo que le damos y lo que nos regresa. Esto es lo que, a mi juicio, nos hacer ver más jóvenes o más viejos.
Ahora que tengo mi primera cana, espero madurar y convertirme en una persona seria y juiciosa. El tiempo dirá...
Con frecuencia conocidos de antaño y personas a las que recién soy presentado, me comentan que aparento tener menor edad de la que en realidad tengo. "Eres tragaaños" es la expresión que se usa comúnmente y que me aplican con cierta regularidad. No sé si es por mi jovial carácter, por la ausencia de arrugas en mi rostro, o por mi evidente inmadurez, pero el caso es que a la gente le parezco más joven. Con el tiempo he aprendido que existen varias características faciales que hacen que un rostro se vea más viejo: las cejas demasiado crecidas, los pelos de la nariz que se asoman, pelos en las orejas y, en el caso de los hombres, un bigote descuidado. Adicionalmente, la frecuente e intensa exposición al sol causa un envejecimiento prematuro de la piel mediante la aparición de arrugas y cambios en su pigmentación y flexibilidad.
Por otra parte, creo que tambien depende con quien te compares o te comparen. He estado en varias ocasiones a punto del infarto al ver a compañeros de la primaria o de la secundaria convertidos en auténticos ancianos -un compañero de la primaria realmente me traumó: canoso, chimuelo, arrugado, calvo y amargado-, algunos otros menos cacheteados pero calvos como rodilla o canosos como peluca de juez inglés, y los menos con el cabello negro salpicado de hebras blancas. Somos pocos los que aún conservamos el cabello, y menos los que lo conservamos de su color original.
Por otra parte, uno no elige la cantidad de cabello que tiene o que puede conservar, tampoco escoge la cara con que vino al mundo, ni la tersura de su cutis, ni el momento para que aparezcan las canas. Pero lo que si podemos elegir es la expresión de nuestro rostro, los cuidados o el abuso al que sometemos nuestro cuerpo y la forma de ver la vida, lo que le damos y lo que nos regresa. Esto es lo que, a mi juicio, nos hacer ver más jóvenes o más viejos.
Ahora que tengo mi primera cana, espero madurar y convertirme en una persona seria y juiciosa. El tiempo dirá...
ejem..ejemmm..
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