La Navidad y el Grinch


No sé porqué, pero desde unos años me sucede que conforme se acerca la Navidad mi humor comienza a empeorar. Tal vez son las inevitables multitudes, el comercialismo salvaje y despiadado, el tráfico lento y pesado, los falsos abrazos que me dan perfectos desconocidos y los cursis deseos que recibo y a la vez tengo que dar. O tal vez es solo el sentir que las mejores navidades de mi vida han pasado ya y que esos tiempos felices nada tienen que ver con las actuales celebraciones.
También puede ser por mi rechazo y rebeldía a tener -por fuerza- que sentirme feliz y extático por el simple de hecho de que todos los demás se sienten así. O tal vez es solo el placer de llevar la contraria. No lo sé.
Pero sí sé que de esta temporada, me gusta recibir el sincero amor de mis hijos y mis sobrinos los mayores, los tiernos abrazos y el olor de los sobrinos más pequeños, el colorido de las calles y el olor de la comida, los frecuentes abrazos que doy y recibo de quienes amo y veo poco, el rojo intenso de las nochebuenas y las sonrisas sinceras -muy escasas- en los rostros extraños.

Comentarios

  1. !!!!!!!Hey!!!!!!!!! hasta que me encuentro con alguien como Yo,que vive y sufre el horror de esta temporada,creí ser el único ser humano que experimentaba este desagrado... AJUAAAAAAAAA
    BLPF

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