Conciencia canina

Ayer fui a la casa con mi buen amigo el Tlatoani. Nomás llegamos y salió la Kenia al patio como de rayo, disparada desde el interior de la casa a través de una puerta medio abierta. Nuestra cánida guardiana del inmueble gusta de pasar horas de solaz en un cómodo sofá de color blanco. Como sabe que tal pieza del mobiliario le ha sido proscrita, de inmediato buscó refugio en su casa fingiendo demencia. Yo la llamé y no tuvo otra que salir, arrastrándose dramáticamente como clamando piedad. Luego de una amonestación verbal, la susodicha perra cambió de actitud y volviose en juegos.

Comentando después que la Kenia se acusaba sola con su dramática actitud, mi amigo -quien es muy versado en las profundidades del alma y el espíritu- me dijo categórico: ES LA CONCIENCIA.


Creo que tiene razón. El saber que ha hecho algo que no debe aflije a Kenia al grado de delatarse. Luego de una breve reflexión, llegué a la conclusión de que, a veces, los perros nos pueden dar lecciones de cosas que ni nos imaginamos. Conozco personas que no tienen ni la décima parte de la conciencia que exhibe la Kenia. Ojalá y todos fueramos tan puros y transparentes como pueden ser los perros.

Comentarios

  1. tan puros y transparentes como pueden ser los perros "Y LOS GATOS"
    Corazón Coraza.

    ResponderBorrar
  2. De los gatos no estoy tan seguro, pero les concedemos el beneficio de la duda

    ResponderBorrar

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

Los zapatos rotos y el orgullo intacto

Nueva técnica de Peeling Facial Instantáneo

Porque ya no voy al Gym