No me caracterizo por mi piedad

Hoy me dijo mi buen amigo Citius que no me caracterizo por mi piedad. Haciendo a un lado la gran amistad que nos une, debo manifestarme total y absolutamente en desacuerdo con su opinión. Más que dar una serie de argumentos, pretendo rebatir su infausto comentario con un pequeño listado de mis abundantes acciones piadosas:
  • Cuando tenía ocho años, le perdoné la vida a los insectos que mi hermano usaba como pasajeros en sus HotWeels. Luego rectifiqué y fueron condenados a morir de un piadoso y ecológico pisotón. Una muerte indolora es algo piadoso.
  • Todas las ratas, palomas, ranas y conejos que compré en mi infancia y adolescencia para abrir y ver como funcionaban, los maté piadosamente, no sin antes administrarles el reglamentario bautizo y extremaunción. A cada uno de ellos les pregunte que si se oponían a donar su existencia a la ciencia y ninguno dijo que no. Ellos quisieron. Yo simplemente contribuí mansamente al acervo científico de la Humanidad.
  • Todas las veces que he contado un chiste racista, machista o de cualquier otra índole insultante para una persona o grupo de personas -los gallegos, por ejemplo-, es con la plena convicción de que tales chistes sirven para conocer la diversidad de los pueblos y las personas para un mejor entendimiento de la especie. Es, en grado superlativo, un acto piadoso.
  • Cuando he bebido o comido algún alimento potencialmente dañino -vino tinto, roast beef, salmón, etc.-, ha sido con la convicción de que lo hago para librar a un semejante de los riegos de una dieta poco saludable. ¿Hay acaso algo más piadoso que el sacrificarse por otros?
  • Todas las veces que me he visto obligado a despedir a alguien, ha sido con la piadosa misión de darles la libertad laboral para buscar un trabajo mejor remunerado que los llene de felicidad. Esto es lo que los antiguos llamaban "You're fired" porque encendía la llama de la libertad en los susodichos despedidos. Yo sigo con devoto fervor esta piadosa práctica.
  • Siempre que le he dicho a algún lavaparabrisas que no se atreva a echarle jabón a mi parabrisas ha sido con la convicción de que al hacerlo le evito la posibilidad de lastimarse con los limpiadores o algún filo de la lámina del cofre. Esto puede provocar serias lesiones que podrían incapacitarlo para cumplir su importante misión de vida. Si otros conductores impiadosos los contratan para esos fines, es su problema. Yo tengo la conciencia tranquila.
  • De igual manera, cada vez que no le doy dinero a un tragafuegos callejero es para evitar que compre más petróleo que alimente su hoguera interior. Todos sabemos que hacer buches de petroleo o gasolina no es sano. Así que con esto contribuyo a eliminar los dragones humanos que invariablemente terminarán presa de la enfermedad. Un acto piadosísimo per se.
Con esta pequeña muestra de los actos piadosos que realizo regularmente todos los días puedo demostrar mi espíritu piadoso y caritativo.

Ahorita vengo, de tanto escribir acciones piadosas ya me dieron ganas de darme unos azotes con la flagra. No tardo

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