Marmor Pudoris

Andaba yo buscando este poema (Marmor Pudoris de Juan de Dios Peza) desde hace algún tiempo. Recuerdo que en casa de mis padres, mi madre guardaba (digo guardaba porque nunca vi que lo leyera) un libro titulado "El libro de oro del declamador", que durante muchos años ni pelé. Pero cuando comenzó mi gusto por la lectura, y particularmente por la poesía, lo leí y releí con gusto. Marmor Pudoris y otras obras me cautivaron. Hasta llegué a aprender algunas de memoria lo cual constituyó para mi en su momento, un logro equiparable a la llegada a la Luna. Finalmente, el libro desapareció sin dejar rastro. Yo sospecho que alguno de mis hermanos pudiera tenerlo, pero no sé a ciencia cierta. De cualquier manera lo busqué en internet y en las librerías sin mucho éxito. Parece que ya no se publica, lo cual es una verdadera lástima.

Este poema en particular me causaba gran emoción ya que tenía yo la idea de ser médico desde muy pequeño. Mi sueño era ser Cirujano Cardiovascular (plomero, dirían los cardiólogos clínicos). Por ello me emocionaba la posibilidad de encontrarme en la mesa del anfiteatro a una escultural difunta para diseccionar. Nada más lejos de la realidad. En su lugar, sobre mi mesa del anfiteatro de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia había una perra callejera bastante cacheteada en vida y postmortem.

Pero volviendo al poema, luego de mútiples fracasos, inicié una nueva pesquisa en Google, me encontré con el bendito poema en la página http://www.evermary.com/marmor.htm. Me cae bastante mal que es una página de esas con musiquita (¿Habrá alguien que realmente las disfrute?) pero fue el único sitio donde la encontré. Ahí se los dejo para que el que quiera lo lea. Ojalá les guste tanto como a mi.

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Actualización:
El link de arriba yano funciona, así que reproduzco aquí el poema:

Marmor Pudoris

Un grupo de estudiantes, tres o cuatro,
el mayor de veinte años, mas o menos,
y en la plancha del triste anfiteatro,
tendida una mujer de ebúrneos senos.

Una afección cardíaca, sorda, impía,
la muerte en plena vida le depara;
y allí nívea y desnuda, parecía
una estatua de mármol de Carrara.

Las exúberas carnes ondulosas,
la poblada y oscura cabellera,
las pestañas rizadas y sedosas,
la curva escultural de la cadera.

Los ojos como estrellas invernales
tras los párpados fijos y entreabiertos,
con esa opacidad de los cristales...
que decoran las cajas de los muertos.

Cada pié y cada mano en calma leve
ostentando entre líneas delicadas,
al alabastro mate de las nieves
que tapizan las cumbres elevadas.

Y en plena desnudez de sus hechizos
como una negra flor de su hermosura
la negra trenza de apretados rizos
realzando de las formas la blancura.

Sobre la plancha, inmovil y tendida
de juventud y amor Venus yaciente,
no guardaba del fuego de la vida,
ni un débil lampo en la marmórea frente.

¿Nada guardaba? ¡Si! leves resabios
de las mieles de ayer, gajo desecho,
una suave rosa tinte por los labios
y algo azul en las venas de su pecho.

Y también, como huellas de una brisa
que pasa fugaz moviendo flores,
la angélica expresión de una sonrisa
último y eterno adiós de los amores.

El grupo de estudiantes, tres o cuatro,
el mayor de veinte años, mas o menos,
contemplaba a la Venus del anfiteatro,
de níveo cutis y redondos senos.

Yo no la profano, dijo alguno,
la contemplo y ya veis, me maravillo,
¡ yo no nací para amputar a Juno !
y soltó de las manos el cuchillo.

Otro exclama después, ¡Es tan hermosa!
tiene unos piececitos de muñeca
y el mas joven prorrumpe: ¡es una rosa
y el que se atreva a deshojarla... peca!

Y hablando uno tras otro, embebecidos,
ante aquellos encantos misteriosos,
escuchan un rumor... eran ruidos
de los que a clase llegan presurosos.

Y antes de que se acerquen a la puerta,
el mas joven del grupo, un buen chicuelo,
extiende entre los muslos de la muerta
cual pudoroso manto, su pañuelo

Otro inquieto y honrado de igual modo,
mira aquel busto de primores lleno
y exclama con ardor: ¡aún no es todo!
y con santo interés le cubre el seno.

Se oye en aquel instante, abrir la puerta,
y la turba estudiantil llenó las gradas,
y en la divina faz de aquella muerta,
vio dos gotas de llanto congeladas.

Juan de Dios Peza

Comentarios

  1. Este poema es hermoso, me gustan mucho todos los de Juan de Dios Peza, has leído el de FUSILES Y MUÑECAS?? Te lo recomiendo, también el de POST-UMBRA.

    Yo también leí ese libro desde pequeña, pues mi mamá fue profesora de primaria y aparte declama hermoso... y ahora que yo también soy maestra de secundaria (de la asignatura de Español) no sabes cómo echo de menos ese LIBRO DE ORO DEL DECLAMADOR!! Que también desapareció de casa "misteriosamente" jeje. Afortunadamente recuerdo muchos de esos poemas (sus títulos o autores) y los busco en internet para dárselos a mis alumnos para concursos y esas cosas.

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  2. TAMBIEN BUSQUE ESTE POEMA Y NO LO ENCONTRABA, ESTE POEMA ME GUSTA AUNQUE NO ES MI PREFERIDO.

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