Finiquito

Él revisó los números una vez más. Ineficiencia. Los números no mienten, pensó. Decidió entonces finiquitarla. Como había hecho antes con tantas personas que no llegaban a los objetivos. Fuera. Despedida. Reemplazada por alguien más dispuesto a hacer lo que ella no había podido. De cuaquier manera ella nunca le había simpatizado. La llamó a su oficina. Con gesto severo le enseñó los números, las gráficas, las pruebas de sus escasos resultados. Ella observaba, atónita, en silencio. Él preguntó que sucedía, más buscando un motivo adicional para desecharla que interesado en sus problemas. La quería fuera de una vez, expulsada de la empresa que le había tendido la mano y que ella desaprovechara tan flagrantemente. ¡A la calle!, pensaba él. Entonces ella le contó. Y él, en su infinita ignorancia, supo de su dolor. Y en ese momento los números fueron lavados por las lágrimas de ella. Al darse cuenta de su sufrimirnto, él entendió que había misiones más importantes que alcanzar los números. Finalmente lo entendió...

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