Del masaje y otras cosas

Según la Wikipedia, el masaje "es probablemente la herramienta terapéutica más antigua utilizada por el hombre para comunicarse y proporcionar y proporcionarse un recurso natural contra el dolor. Su evolución y uso ha ido parejo al de la sociedad, adaptándose a las características climáticas y temperamentales de cada pueblo hasta convertirse en la técnica que hoy conocemos por "tacto estructurado"".
Comento lo anterior porque ayer en la noche tuve la fortuna de disfrutar una sesión de masaje relajante. Es una pena que mencionas masaje en cualquiera de sus variedades, y lo primero que le viene a la mente a la mayoría de las personas es una prostituta realizando un vulgar manoseo en una cama de masajes. La realidad es que existen masajes terapéuticos, relajantes, etc. que nada tienen que ver con el sexo.
A mi juicio, el masaje es una de las más primitivas formas de comunicación, y no es privativo de la especie humana. Entre algunas especies animales, la madre aplica al recién nacido un vigoroso masaje-limpieza con la lengua, que tiene como propósito limipiar y estimular al pequeño, así como crear el vínculo olfativo entre la madre y la cría.
Entre los humanos, es notable las caricias que las madres prodigan a sus bebés, y de hecho una forma me masaje terapéutico que se aplica desde siempre a los bebés es "sacarles el aire", que no consiste en otra cosa que aplicar un ligero masaje en la espalda con el infante en posición vertical para facilitarle la salida del aire ingerido con la leche y evitarle molestias estomacales.
Me parece que uno de los principales efectos de un masaje es el analgésico. Sobarse cuando nos damos un llegue no es otra cosa que aplicar un masaje para reducir el dolor. Recuerdo los masajes que mi madre me daba en los pies después de caminar o permanecer parado mucho tiempo, y como aliviaban realmente el dolor.
Tenemos masajes que incluso pueden traer de vuelta a la vida a un muerto, como es el famoso RCP o Reanimación Cardio Pulmonar, que no es otra cosa que un masaje cardiaco para estimular los latidos del corazón. Hasta eso puede hacer un masaje: volvernos a la vida.

Pero es de la sensual (no erótica) experiencia de anoche de la quiero platicar. Hice la cita en un pequeño Spa-estética-gimansio que se encuentra en el sitio donde camino por las mañanas. Me dieron turno para el sábado a las 21:00. No puedo omitir que a mi esposa tal horario le pareció sospechoso, pero igual no tuvo reparo en dejarme ir. Así que llegué puntual a la cita.
Luego de una breve espera, se me indicó que pasara a la sala del masaje. Era una recamara amueblada solamente con una cama de masaje al centro, una vela aromática en el piso y dos lámparas infrarrojas, una suspendida del techo y la otra era una lámpara de piso con altura ajustable. Complementaba la iluminación un foco ahorrador que bañaba el cuarto de luz blanca y fría. Se escuchaba una suave música ambiental con sonidos de la naturaleza que provenía de otra habitación.
Había un pequeño clóset en donde se me indicó que dejara mi ropa, apagara mi celular y me tendiera en la cama vestido únicamente con mi trusa. Las paredes tenían un color amarillo intenso y el techo era blanquísimo. Luego de unos minutos apareció finalmente la masajista, que después supe se llamaba Gabriela.
Lo primero que hizo al llegar al cuarto fue apagar la luz blanca, con lo que las paredes adquirieron un maravilloso tono al mezclarse el amarillo con la luz roja. Como las lámparas infrarrojas apuntaban directamente a mi, no pude dejar de pensar que me sentía como deben sentirse las carnitas en vitrina.
La masajista me pidió que hiciera algunos ajustes en mi postura y puso debajo de mis rodillas una especie de cojín cilíndrico que me dio mayor comodidad. Le pregunté cual era la diferencia entre el masaje sueco y el relajante, y me contestó con seguridad que el sueco era más indicado para lesiones o molestias, como por ejemplo, las producidas por el deporte; y que el relajante manejaba más técnicas y movimientos enfocados a la relajación. Dado que me encontraba desde hacía días profundamente estresado y que en mi caso las lesiones producidas por el deporte son inexistentes considerando mi arraigado sedentarismo, decidí que probaría el masaje relajante. Se me indicó con amabilidad que me callara y cerrara los ojos, y que así los mantuviera durante toda la sesión. Para asegurarse de ello, Gabriela colocó sobre mis ojos un paño a modo de antifaz que mantuvo mis ojos cubiertos en todo momento.
Comenzó la sesión con un masaje facial que me recordó las llamadas "gimnasias faciales" de mi esposa. Debo decir que fue una sucesión de suaves caricias en la cara, y efectivamente tuvieron de inmediato el efecto relajante que buscaba. Luego fue el turno del brazo derecho, comenzando desde el hombro y terminando en la punta de los dedos, procedimiento que fue repetido ahora en el brazo izquierdo. Es increíble que una secuencia de fricciones, caricias, y pequeños golpes te puedan generar ese relajamiento profundo característico de un masaje. Siguió mi tórax y posteriomente mis extremidades inferiores.
Hora de dar la vuelta. Aquí empieza la parte incómoda. Resulta que la cama de masajes tiene un orificio para que puedas poner la cara. Pero el mentado orificio no me ajusta bien, asi que tengo que hacer una torsión de pescuezo que me deja muy incómodo. Dejo de disfrutar el masaje, mientras Gabriela continua ahora con la espalda. Siento como se me deshacen los nudos en los músculos tensos en la espalda. Tambien siento como se me tuerce el cogote. Pese a todo, el masaje cumple su propósito: me encuentro relajado.
Una vez que Gabriela finaliza, me indica que me coloque en posición fetal, permanezca así unos minutos y que cuando así lo decida me vista y baje a la recepción. Silenciosamente abandona la habitación.
Me quedo unos segundos en posición fetal y descubro que no es muy cómoda, al menos no para un feto de más de 110Kg. Así que me tiendo nuevamente de espaldas, y disfruto la soledad y el relajamiento unos minutos. Me visto, bajo a la recepción, pago, me despido y salgo a la fría y húmeda noche feliz y relajado. Misión cumplida.
Pocas cosas tan simples y tan revitalizantes como un buen masaje.
ResponderBorrarY si, que molesto que la gente, incluyendome, siempre piense mal en el instante en que se menciona esta palabra. Quiza valga la pena llamarle, de ahora en adelante, terapia anti-estress, o relajamiento fisico.